EL Forense Dr SORIA es Chete Lera

20070124141611-teaser-dr-soria.jpgHORACIO SORIA 

Médico forense policial, que además de su trabajo es un estudioso de las por entonces modernas teorías del psicoanálisis y los estudios de la mente. Es un hombre culto y de aspecto distinguido. De maneras suaves y corteses.

 

Vino de España en donde se formo hace unos 20 años, atraído por la utopía de generar una sociedad diferente en esta tierra prometida que entonces se encontraba en pleno desarrollo.

 

En Argentina se casó con Daniela Slavich, una judía polaca, pero no tiene hijos por problemas de su mujer, quizás por eso mira a los niños con dulzura. Los asesinatos de menores le duelen en el alma y sus dictámenes forenses están afectados por esa sensación, no son fríos y las descripciones están cargadas de compasión.

 

Soria actúa y piensa como el padre que a todos nos gustaría tener, de hecho es como un padre con Petrie. Tiene una visión de la condición humana tolerante y educadora que obtiene de su diaria relación con la muerte.

 

A Soria le gusta fumar en pipa y contempla las cosas con esa parsimonia del que sabe valorar los pequeños detalles: Respira con gusto el aire fresco, acaricia las hojas de su cuaderno de notas, toca su instrumental valorando la complejidad de su diseño, acaricia la cara de Mateo con cuidadosa dulzura.

 

La transformación de SORIA juega a la inversa que la de PETRIE: empieza ligado a MATEO por el interés que para sus estudios tienen las pesadillas del niño y su relación con los asesinatos, llega a pensar en una posible conexión telepática o tal vez un registro que la mente de Mateo no es capaz de asumir. Soria termina fascinado por el caso psiquiátrico de CAYETANO.

 

Soria hace de guía e interprete, representa el punto de vista más actual de la película y con él se deberían identificar la mayoría de espectadores.

 

Es amigo y admirador de José Ingenieros.

Referencia acerca de José Ingenieros: Ingenieros se hizo cargo de la cátedra de Psicología II en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires en 1906; marca un fuerte antecedente en el campo de la psicología en la Argentina: Ingenieros desarrolló una versión particular del positivismo que hacía posible la metafísica, afirmando que es posible reconocer, en toda forma de experiencia, un "residuo experiencial" que no es incognoscible, aunque no tenga un carácter trascendental, este residuo, que resulta accesible al conocimiento y la experiencia humana, es el objeto de una nueva metafísica, distinta a la ciencia positiva; también estudia el comportamiento animal, obteniendo conclusiones que aplica a los humanos. José Ingenieros es uno de los mentores del higienismo en la Argentina de principios del siglo XX, a la vez que un hombre respetado y admirado por sus pares europeos.



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