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En estos días podéis ver en los cines la película “El niño de barro” protagonizada por Maribel Verdú y el niño Juan Ciancio, en ella además de pasar 100 minutos pegados a las butacas, porque se trata de una película de suspense, encontrareis alguno de los motivos por los que un adolescente se puede convertir en asesino.
A comienzos del siglo XX, Buenos Aires era uno de los principales focos de atracción de emigrantes. La psiquiatría y la criminología estaban aún en pañales. La policía se guiaba por el método de Lombroso, que defendía que las conductas criminales se adquirían con los años y se manifestaban en especiales características físicas, por eso cuando Cayetano Santos Godino, un chaval de 10 años comenzó a agredir a otros niños, pilló a la policía despistada y aunque fuera sorprendido in fraganti, no sabían que hacer con él y lo devolvían a las calles.
Detuvieron a Cayetano con 16 años. Había matado ya a cuatro niños y lo había intentado con otros siete, además había incendiado edificios y torturado animales... Su confesión conmovió a toda la sociedad y como pasó el resto de su vida en la cárcel, murió con 42 años, lo convirtieron en una especie de animal de laboratorio. Fue sometido a las primeras operaciones de cirugía estética, para corregir el tamaño de sus orejas, que le habían dado el sobrenombre de “Petiso orejudo” pensando que en esa desproporción residía su instinto asesino y fue interrogado por numerosos equipos de psicoanalistas y forenses. Por todo ello es el niño asesino en serie más documentado de la historia.
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Inspirada en hechos reales.
Buenos Aires, 1912. Una serie de brutales asesinatos a menores se propaga por la ciudad. Mateo (Juan Ciancio), un niño de 10 años, esconde un secreto: a veces su mente le conduce a un oscuro lugar de la memoria en donde es testigo de los asesinatos. Al descubrirse su secreto muchos creerán que es el asesino. Estela, su madre (Maribel Verdú), con el apoyo del forense de la policía, el Dr. Soria (Chete Lera), tratan de encontrar una explicación racional a las visiones y así minar el escepticismo del Comisario Petrie (Daniel Freire).Pero los asesinatos siguen ocurriendo….Y el caos termina por adueñarse de la situación.

Me encontré por primera vez con Mariela Pípodas, mi Directora de Arte, en el Hotel Presidente de Buenos Aires, ella estaba en mitad de un rodaje, en un pueblecito muy lejos, le habían hecho llegar el guión de “El niño de barro”, y el primer fin de semana se cogió un autobús y vino a verme.
Estaba agotada pero su expresión resplandecía, inicialmente pensé que era por el interés que le había despertado la lectura del guión, meses más tarde, durante las duras sesiones de rodaje, pude comprobar que mantenía esa misma expresión. Mariela y todo su equipo de colaboradores, son de esa gente especial, con la que te puedes embarcar en el proyecto más complejo y te lo van a poner tan fácil que siempre vas a disfrutar.
Yo pretendí a Mariela por el “Polaquito” al igual que a Abel Ayala y a Roly Serrano, esa película es una de mis debilidades confesables. Ahora, viendo en la imagen las calles, los conventillos, la calesita, la morgue, el Margot... todos y cada uno de los decorados, quedo admirado de mi puntería.
La película es ocre y verde, respira humedad y desesperación, esta llena de barro y de ilusiones rotas. Toda ella, desde los pequeños detalles, a los grandes planos generales, trasmite coherencia y emoción. Que bueno haberla conocido.
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Siempre hay gente en las sombras
con intenciones negras.
Siempre hay niños con miedo
durmiendo en las aceras.
Ni dios se baja al barro
por no manchar las suelas,
y la inocencia muere
sin tiempo de perderla.
No aprendemos del tiempo,
ni de la vida ajena,
solo sentimos algo
cuando nos toca cerca,
las lagrimas del mundo
no nos mojan a penas,
que felices que somos
torciendo la cabeza.
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Viernes, primera semana de rodaje. Es de noche y esta preparado el efecto de lluvia. Nos encontramos en una de las calles de San Antonio de Areco, rodando una de las secuencias más duras e impresionantes de “EL niño de barro”, todo el equipo, guarda silencio, parapetado en el interior de los camiones o en las carpas montadas para protegernos de la lluvia y el frío.
Juan Ciancio, mi protagonista de 11 años, aparece acompañado por el equipo de vestuario y maquillaje. Viste con uno de esos pijamas, enteros de época, como los del Western. Cecilia Monti, la jefa de vestuario, me dice que para conseguir el aspecto que necesito, el niño se deberá revolcar en los charcos de la calle, doy e visto bueno con la preocupación de saber lo desagradable que le va a resultar al chaval, a pesar del neopreno térmico que lleva por debajo.
Le transmiten la orden y Juan, sin dudarlo ni un segundo, comienza a revolcarse por el suelo, como si se tratara de un juego en un parque temático. De pronto se levanta y me grita, con las manos arriba: ¡Jorge! ¡Aquí tienes a “tu niño de barro”!
Walter Rippel, mi director de casting argentino, era el encargado de encontrar al protagonista, tenía que ser un niño, que respondiera a estos planteamientos previos:
MATEO MONTERO (11 años)
Arg
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Lo primero que me interesó de “El niño de barro”, fue el personaje en el que se inspira el guión: Cayetano Santos Godino “El Petiso Orejudo”. Un demente que comenzó sus ataques a los diez años, mató por simple placer a cinco niños, lo intentó con otros siete, fue detenido a los dieciséis y la historia lo ha convertido en leyenda.
Defendiendo la idea de que los agresores se apoderan, en parte, de la vida de sus victimas, por eso el protagonista de mi película no es Cayetano, sino “el niño de barro”, uno de los menores a los que torturó y que, por su naturaleza especial, quedó “conectado” con él.
Este planteamiento me permite crear un espacio, “las pesadillas”, que utilizo como elemento expresivo y para no tener que mostrar las escenas más duras de agresión a los menores… Los sonidos nos hacen imaginar el resto.
Los habitantes de “El niño de barro” están indefensos ante la desigualdad y la injusticia. En su mundo es creíble la aparición de monstruos que actúan a sus anchas con total impunidad. Ninguna luz señala el final del túnel.
He buscado la tensión, la angustia y la sorpresa. Sumergir al espectador en una atmósfera desasosegante, en la que se recortan los empeños inútiles de los protagonistas y el vacío adquiere el más elocuente de los significados.
Mi preocupación por los niños victimas, torturados, utilizados sexualmente… Los convierte en el motivo principal de la película.
Cuento algo que ocurrió en Buenos Aires en 1912 pero las noticias, que hoy llenan las páginas de los diarios, en cualquier lugar del mundo,
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HORACIO SORIA Médico forense policial, que además de su trabajo es un estudioso de las por entonces modernas teorías del psicoanálisis y los estudios de la mente. Es un hombre culto y de aspecto distinguido. De maneras suaves y corteses.
Vino de España en donde se formo hace unos 20 años, atraído por la utopía de generar una sociedad diferente en esta tierra prometida que entonces se encontraba en pleno desarrollo.
En Argentina se casó con Daniela Slavich, una judía polaca, pero no tiene hijos por problemas de su mujer, quizás por eso mira a los niños con dulzura. Los asesinatos de menores le duelen en el alma y sus dictámenes forenses están afectados por esa sensación, no son fríos y las descripciones están cargadas de compasión.
Soria actúa y piensa como el padre que a todos nos gustaría tener, de hecho es como un padre con Petrie. Tiene una visión de la condición humana tolerante y educadora que obtiene de su diaria relación con la muerte.
A Soria le gusta fumar en pipa y contempla las cosas con esa parsimonia del que sabe valorar los pequeños detalles: Respira con gusto el aire fresco, acaricia las hojas de su cuaderno de notas, toca su instrumental valorando la complejidad de su diseño, acaricia la cara de Mateo con cuidadosa dulzura.
La tra
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ESTELA MONTERO
¿DE DONDE VIENE? Es una emigrante española de origen rural que se ha visto obligada a emprender el viaje a la desesperada acuciada por la miseria de su familia, muchos hijos, mucha hambre y ninguna salida.
Estela se ha querido sacar del medio para evitar problemas a sus padres mayores y demostrar a todos de lo que es capaz.
Posiblemente también se ha dejado embaucar por las historias de emigrantes que volvían millonarios de Argentina.
Al emprender el viaje sabe que tendrá que enfrentarse a muchos peligros, pero se considera fuerte y capaz de superarlos.
¿Cómo consigue esta chica de apenas 20 años su pasaje para Buenos Aires?El traslado hasta Cádiz, de donde salen los barcos, pudo ser medianamente fácil, el carro de algún comerciante conocido en el pueblo, le conduce hasta Madrid, desde allí un amigo del primero le permite acomodarse entre la carga de un tren de mercancías, hasta Sevilla y aunque pretende cobrarse el favor, Estela logra sin mucho apuro escurrir el bulto. Ya en Cádiz, la puerta del Atlántico, sin dinero y teniendo que hacer frente al pago de un pasaje desorbitado para sus posibilidades pero con la voluntad firme de lograr su objetivo entra a trabajar en una taberna con fonda, en la que además de limpiar, atender mesas y aguantar los borrachos, debe hacer algunos favores extras, tragándose su orgullo y su moral. Así pasa aproximadamente un año, hasta conseguir el dinero del pasaje. La informació
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¿Cómo es MATEO?
Es un niño normal, adora a su madre, le gustaría tener un hermanito o si no un perro. Tiene una buena pandilla de amigos y le gusta su barrio que está en el borde de la ciudad y le permite ir a sitios muy distintos, ver pájaros y hacer carreras que es una de sus principales aficiones.
Le gusta hacer dibujos con un palo sobre la tierra y sobre todo intenta dibujar pájaros. En su cuarto juega con plumas imaginando como pueden volar los pájaros. También juega bien a las cartas, le enseño su madre con la baraja española, cuando estuvo varios meses en la cama después del ataque que sufrió cuando tenía 5 años.
Aquel ataque, es su principal problema, muchas veces ha tratado de recordar como fue, intentar encontrar algo que le permita identificar al atacante pero es inútil, únicamente como actos incontrolados, Mateo se traslada al espacio en el que sufrió la pesadilla, la feria y allí ve a niños que son atacados pero nunca logra ver al que ataca. La sensación de las pesadillas es tan fuerte que él no es consciente de lo que hace, a veces está dormido y cuando recupera la conciencia está en la calle o en el campo, el sabe que no está implicado en los crímenes, pero tampoco sabe porque es el único que ve esas cosas.
Esta situación, que hasta ahora era su secreto y que ahora se va desvelando, a él no le gusta porque le da mucho miedo. Por un lado ver a los nenes muriendo le provoca mucha angustia y por otro piensa que él puede ser de nuevo atacado. Además piensa que esas pesadillas le hacen diferente y él quiere ser como los demás.
Mateo odia a Octavio, porque está con su madre y porque cree que a ella no le gusta, piensa que estarían mejor solos.
Mateo se va enfermando, es como si tuviera
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Cruce la mirada con aquel hombre y sentí un escalofrío, había algo turbio, oculto e intencionado en aquellos ojos.
Fue entonces cuando me pare a pensar ¿Cuanta gente recorre las calles de nuestras ciudades con intenciones negras?
No me refiero solo a los miles de personas que tratan de estafarte o aprovecharse de las debilidades para conseguir unos mangos, sino a los que están dispuestos a irrumpir en la vida de los otros sin importarles las heridas que provoquen.
Lo triste es que día a día se encuentra respuesta a esa pregunta en los periódicos, en las conversaciones con los amigos y a partir de ahí se multiplica a escala mundial.
El mal está tan próximo a nuestras vidas que no necesitamos componerlo con efectos digitales para que exhiba toda su fuerza.
Es más a veces pienso que esas filigranas lo que hacen es provocar un efecto de atracción hacia el lado oscuro, como si las únicas sensaciones vitales fueran las violentas.

En el 2003, la economía Argentina parecía haber tocado fondo, una lamentable política económica había encerrado las ilusiones de ese gran pueblo en “el corralito”. Por aquellos días, un argentino me hizo llegar un guión que se titulaba “El niño de barro”, la historia que contaba, me dejó tan impresionado que poco tiempo después estaba aterrizando en el aeropuerto de Ezeiza para comenzar una aventura cinematográfica que hoy esta a punto de concluir.
La ambientación de la película es 1912, una época en la que Buenos Aires era la Meca del mundo y a ella llegaban millones de emigrantes buscando un futuro mejor pero como la historia se repite, aquel viaje para muchos se convertiría en un infierno. Y eso es lo que le pasó a la protagonista de nuestra película, Estela Montero (Maribel Verdú), una gallega que tuvo que emigrar, que allí se quedó embarazada y que durante la película se verá obligada a luchar desesperadamente por la vida de su hijo, Mateo (Juan Ciancio), un niño diferente.
Pol-Ka (El hijo de la novia, Luna de Avellaneda), la productora Argentina de “El niño de barro” se encuentra en el barrio de “Palermo Hollywood” una zona residencial de la ciudad en donde abundan las productoras de cine y televisión, desde ese lugar privilegiado fuimos haciendo realidad esta película que sobre el papel parecía imposible.
En el mes de Abril de este año viajamos desde Galicia a Buenos aires un equipo compuesto por la productora ejecutiva, Susana Maceiras, el director (Jorge Algora), el director de fotografía (Suso Bello) y el ayudante de dirección (Hector Carré), desde Cataluña nos acompañó el director de producción Eduard Vallés. En Argentina nos encontramos con el equipo más numeroso con el que habíamos trabajado, a pesar de que todos tenemos una experiencia de más de veinte años en el medio audiovisual, más de doscientas personas trabajando en los diferentes departamentos (A
... (... continúa)Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/